Hay algo profundamente simbólico en que los premios más importantes del mundo, el Nobel de Literatura y el Nobel de la Paz, reconozcan este año el trabajo de dos mujeres. Mientras la ultraderecha gana terreno, los discursos conservadores intentan devolver a las mujeres a papeles tradicionales y algunos liderazgos políticos cuestionan el valor de las instituciones internacionales, Anne Carson y Navi Pillay reciben reconocimientos que celebran justamente lo contrario, la libertad de pensamiento, la imaginación, la justicia y la defensa de los derechos humanos. No es poca cosa, pues estamos en un mundo que parece empeñado en levantar fronteras, ellas representan dos formas distintas de ampliar horizontes.
Anne Carson, poeta, ensayista y traductora canadiense de 76 años, recibió el Nobel de Literatura por una obra audaz e inventiva que dialoga con la tradición clásica para crear nuevas formas literarias. Su escritura rompe géneros, mezcla poesía y prosa y se atreve a explorar el amor, la muerte y el tiempo sin obedecer las reglas convencionales. Cuando recibió la noticia, respondió con una frase tan desconcertada como humana: “Creo que están todos locos, es una locura”. En otro momento, al hablar de su trabajo, dejó una idea que también puede leerse como una declaración de libertad: “Encuentra el medio y empieza ahí”.
El Nobel de la Paz fue para Navi Pillay, jurista sudafricana de origen tamil, exalta comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y una figura clave en la justicia internacional. Su trayectoria incluye la defensa de activistas contra el apartheid y su trabajo en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde contribuyó a establecer precedentes sobre la violencia sexual como crimen internacional. Su reconocimiento llega cuando el derecho internacional y los organismos multilaterales enfrentan presiones políticas, mientras las guerras y la impunidad ponen a prueba la capacidad del mundo para defender a las víctimas.
Por eso el contraste con el momento político actual resulta inevitable. La ultraderecha no solo disputa elecciones; también disputa el significado de la libertad, la igualdad y los derechos humanos. Cuestiona consensos, desacredita organismos internacionales y convierte la defensa de las minorías en motivo de confrontación cultural. Precisamente la ironía de decir “si siguen aplaudiendo, se lo doy a Trump” funciona como una provocación que retrata hasta qué punto el reconocimiento de la paz puede convertirse en terreno de disputa política.
Pero como casi todo es otra cosa, no se trata de celebrar a las mujeres únicamente, se trata de preguntarnos por qué sus voces importan tanto precisamente ahora. Carson nos recuerda que el pensamiento necesita libertad para imaginar otros mundos; Pillay, que la paz no existe sin justicia ni rendición de cuentas.
Las mujeres que incomodan
